Experiencias nacionales de medición multidimensional de la pobreza.

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Actualmente existe consenso sobre la multidimensionalidad de la pobreza. El primer objetivo de desarrollo del milenio (ODM) como el que encabeza los 17 ODS de la agenda post-2015, coinciden en la necesidad de reducir la pobreza desde el punto de vista global. Para alcanzar dicho objetivo, los policy makers deben apoyarse en indicadores que les aporte información relevante sobre la evolución y estado de los distintos aspectos observados. En este sentido, existe un marcado disenso entre cuál es el indicador ideal que nos ayude a cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. Por otro lado, se señala que la pobreza no es únicamente un problema que afecta y que deban solucionar los países en desarrollo, sino que los países ricos deben incidir en su resolución. Para ello, hay que tener en cuenta que no sólo existe pobreza extrema o absoluta, sino también pobreza relativa. Este último concepto cobra importancia en los países más avanzados del mundo.

Asimismo, es cierto que cada país debe aplicar sus propias políticas sociales, atendiendo a la contextualización de cada uno de los mismos. No sería correcta una ejecución estandarizada de políticas de reducción de pobreza, pues no solucionaría el problema al ser demasiado simplista y reduccionista.

Para hacer frente a la pobreza, debemos plantearnos tres preguntas fundamentales: ¿Cuántos pobres existen en el mundo?; ¿Dónde viven?; ¿Por qué son pobres?.

Desde el punto de vista tradicional, la pobreza se ha medido mediante un umbral cuantitativo-monetario desarrollado y actualizado por el Banco Mundial (desde los años 80). En concreto, la línea de pobreza de referencia en un primer momento fue de 1,25$/día en PPA de 2005 (basado fundamentalmente en consumo per cápita mediante encuestas a hogares). La controversia emergió en 2011, cuando se tuvo que actualizar dicho umbral; existen aportaciones con fundamento sobre la “nueva línea de pobreza” como 1,44$/día, 1,78$ día, … (todos ellos en PPP de 2011). Actualmente, se entiende que 1,92$/día se refiere a la pobreza extrema, mientras que 2$/día se identifica con pobreza moderada (no tan extrema). Personalmente, me parece interesante la aportación de  López-Calva & Ortiz-Juarez (2014) donde fijan el umbral en los 10$/día, ya que argumentan que es la línea donde existe seguridad por parte de aquellos individuos que salieron de la pobreza y, en términos generales tienen un grado muy bajo de vulnerabilidad. De esta manera, de 10$ en adelante, ya no se protesta por la pobreza sino por la desigualdad.

La recogida de información de la pobreza vía Contabilidad Nacional es menos relevante y fiable que el método mediante encuestas. Pero las encuestas, ¿se las hacemos a los individuos o a los hogares?

En el documento también distinguen sobriamente la diferencia entre la pobreza rural y urbana. Evidentemente, la primera es mayor que la segunda.

Considero relevante señalar que la región más pobre del mundo es el Sur de Asia –y no África Subsahariana, como yo pensaba-. El Sur de Asia supone el 30% de los pobres del mundo.

En definitiva, la pobreza monetaria la podemos desglosar en: extrema, relativa y crónica. La pobreza extrema o absoluta ha ido disminuyendo en las últimas décadas (sobre todo a partir del inicio del s: XXI). En cambio, la pobreza relativa (que hace referencia a cómo se sienten los pobres), ha aumentado en el mismo periodo.

Además de la pobreza monetaria, encontramos la subjetiva (o no-monetaria) y la multidimensional.

En la pobreza multidimensional, se tiene en cuenta el bienestar económico pero a su vez, el bienestar social (derechos a educación, sanidad, participación política, etc.). En este sentido, se hablará de “desarrollo humano”, ya que se centra más en la persona y menos en lo estrictamente material. De esta manera, para medir esta suerte de pobreza, las NNUU (PNUD) elabora el IPM global. Donde se valoran distintas privaciones de los hogares recogidas en partidas clasificadas por dimensionales sociales: educación, salud y nivel de vida. Desde mi punto de vista es como si fuese una versión mejorada del famoso IDH, pero al mismo tiempo, gozan de sesgos comunes como la simpleza o imparcialidad de la equiponderación. El umbral de corte será del 33,3%. Se distinguen: pobres multidimensionales (> ó = al 33,3%), pobres vulnerables (entre 20% y 33,3%); pobreza multidimensional severa (> ó = 50%). La gran ventaja de este indicador es que su desglose facilita la ejecución de políticas sociales y, además, puede moldearse como considere oportuno cada país a nivel individual.

Por último, en el documento al que hace referencia este comentario, también he aprendido que Latinoamérica ha sido impulsor en ciertas ideas sobre el desarrollo, con sus investigaciones sobre la medición de la pobreza, así como que la región es una rica fuente de datos relevantes recogidos en diferentes encuestas que se han ido realizando a lo largo del tiempo. Sin duda, es necesario tener esto en mente, al igual que existen unos 140 millones de pobres extremos en dicho territorio.

 

Nicolás Sarabia

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