La tragedia de ser africano

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La tragedia de ser africanoLas constantes tragedias a las que se ven sometidos los inmigrantes africanos para llegar a Europa no son un desincentivo suficiente para que se frenen los flujos migratorios hacia la costa Norte del Mediterráneo. Entre los meses de enero y marzo de 2015, han llegado al sur de Europa más de 8.800 inmigrantes; según estima la “Organización Internacional para las Migraciones” (OIM).

Los orígenes de estos africanos son muy diversos, dentro del continente, destacan países como Costa de Marfil, Senegal, Nigeria, Mali, Guinea, Gambia y Mauritania (según la OIM). Desde estas regiones recorren miles de kilómetros a las costas de países de rutas estratégicas como Libia donde pagan entre 1000 y 5000 dólares por participar en el naufragio que tiene como destino “la tierra prometida” (Europa). 

Por tanto, se ha desarrollado un negocio cada vez más poderoso -a nivel económico-financiero- clave para que los flujos migratorios a través de este sistema de alto riesgo se lleven a cabo. Existen varias rutas diferentes que tratan de desembarcar en el sur de Grecia e Italia. Dicho negocio tiene una demanda muy potente que crece a medida que las buenas noticias (cuando se cumple el objetivo) llegan a los oídos de los potenciales inmigrantes. Esto indica que existe un círculo vicioso muy arraigado en la sociedad.

Es preciso mencionar que hasta el 2012 las rutas eran más numerosas que en la actualidad (y sobre todo España era el objetivo prioritario); esto se debe a la intensificación y optimización de la vigilancia y controles por parte de las guardias europeas fronterizas (principalmente españolas). En el caso de España, en el mismo año 2012 los inmigrantes que cruzaron (6.397) desde Marruecos, se redujeron en un 24%. Este hecho produjo un efecto desplazamiento de los flujos migratorios Marruecos-España a nuevas rutas de traslado, principalmente Libia-Italia, conocida como “la ruta del Mediterráneo Central”.

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A continuación se procede a adjuntar una excelente descripción de la operativa (extraída de la web: prodavinci.com):

“Desde estos dos puertos, los traficantes despachan botes repletos de inmigrantes, sobrepasando la capacidad de las embarcaciones, con rumbo a Lampedusa o Sicilia.

Una vez en los botes, los migrantes no reciben los chalecos salvavidas prometidos. Suben a bordo sólo para encontrar que las embarcaciones son endebles y las condiciones climáticas auguran tormenta y marea alta. Antes de zarpar, uno de los traficantes le cede el timón a un pasajero, y le da instrucciones básicas para controlar la embarcación. Habitualmente, los contrabandistas eluden la responsabilidad de conducir los botes, para protegerse de un posible naufragio o evitar ser capturados por las autoridades italianas.

Los viejos botes de carga pueden hacer el recorrido hasta Europa entre 1 y 3 días, mientras que los pequeños botes inflables –rápidos pero inestables– tienen la velocidad necesaria para ir desde Libia hasta la isla de Lampedusa en 4 horas. Sin embargo, cualquiera de las opciones ofrece muy pocas probabilidades de sobrevivir a un incidente en altamar”.

Según estadísticas de la oficina del “Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados” (ACNUR), alrededor de 3.500 personas murieron en el 2014. Estas muertes vienen principalmente de ahogamientos (por el hundimiento del propio barco, las olas y que la amplia mayoría no sabe nadar o simplemente no tienen fuerzas suficientes) y en otras ocasiones, una vez rescatados, mueren de hipotermia.

Las causas de estos flujos de migración hacia Europa son conocidas: las frecuentes guerrillas, problemas socio-económicos, miseria, la inexistencia de opositores políticos que velen por el cambio de régimen (en línea con lo último, también se sabe que existen miles de presos políticos; ya que las libertades de asociación y expresión no existen).

Aunque el problema de estos flujos migratorios -tan arriesgados y exentos de garantías vitales- no solo viene causado por el autoritarismo de las figuras políticas de los países africanos; sino que también Europa tiene una responsabilidad a la cual no está respondiendo de manera prioritaria.

Hace menos de un siglo, casi todo África era propiedad de Europa -la mayoría de la independencia de estos países se produce en la segunda mitad del siglo XX-; entonces, cuando se diseñaron los programas de rescate de estos refugiados, ¿se tuvo esto en cuenta lo suficiente? Parece que no.

Europa debe tener en cuenta el efecto que provocó su presencia en África: explotación de minas con mano de obra gratuita; causando 2 efectos: los ingresos de dichas explotaciones se repatriaban a Europa y los productos minerales (como metales y piedras preciosas) se vendían al mercado internacional. Por lo que el africano era simplemente un esclavo. A esto se añade el sistema de segregación social apartheid. 

La Unión Europea tiene que desmarginar África y dar ayudas financieras mediante el diseño de un sistema que no les haga caer en círculos viciosos de pobreza tan característicos del fracaso de las ayudas anteriores que han recibido.

Es una tarea muy complicada de la que es necesaria la cooperación internacional y los organismos internacionales independientes -como el FMI-; estos últimos son los que deben dar fuerza al proyecto.

Autor: Nicolás Sarabia

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